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Los Abogados y nuestra fe en los jueces

junio 28, 2013

Julio José Orozco
Abogado Comercialista de la firma OROZCO Legal & Co.
www.orozco.legal
j.orozco@orozco.legal

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Diario LA REPÚBLICA / Asuntos Legales

Antecedentes: En el día del Abogado propongo, -como lo haría el mejor de los religiosos-, un avivamiento de la fe que se centre en mejorar la relación entre los abogados y los operarios jurídicos. Ya lo dijo alguna vez el maestro italiano del Derecho Procesal Civil, Doctor Piero Calamandrei: “Para encontrar la justicia es necesario serle fiel, pues como todas las divinidades, se manifiesta solamente a quien cree en ella”.

El ejercicio de la Abogacía se enmarca dentro de aquellas prerrogativas que hace el estado al ciudadano, donde éste le reconoce al segundo haber agotado un íter de preparación intelectual; le premia el mérito a su esfuerzo con una autorización plasmada en un título universitario, para, finalmente, encomendarle en su liberalidad poner en práctica dichos conocimientos al servicio de sus ciudadanos pares dentro del ordenamiento jurídico democrático. Ésta, respetados lectores y colegas, es la definición de Profesión de Ejercicio Liberal. Cuando recibimos por parte del Consejo Superior de la Judicatura la Tarjeta Profesional de Abogado, se nos otorga de forma indirecta y ampliada la función de administrar justicia y hacer cumplir las leyes.

En perfecta conjugación con el aparato montado a través de la Rama Jurisdiccional del Poder Público, lo que realizamos los abogados es explotar día a día una concesión, una licencia, un mero permiso, una autorización, un privilegio cuya finalidad es la de servirle a la comunidad y coadyuvar en su progreso. Pero en dicha práctica en nuestra Colombia, nos hemos divorciado de la fe que debería gobernar la relación entre los abogados y los jueces, quienes detentan el poder jurisdiccional en forma directa. Hoy, más que nunca, la fidelidad de unos para con otros se encuentra marchitada, debilitada y en un alto grado de mutua desconfianza.

Desde las Altas Cortes hacia los Juzgados de Familia Municipales, y desde los Tribunales de Arbitramento hacia los centros de conciliación en las localidades, lo que encontramos es una triste ausencia de fe en el juzgador. Abatidos y desconsolados ciudadanos reciben a diario las más fatales, irracionales e injustas decisiones proferidas por los jueces, y los abogados, desalentados por el prevaricato casi generalizado, se decepcionan del sistema y de manera pesimista, con desánimo, aceptan minada su moral y prestigio.

Lo dijo hace varias semanas mi dilecto profesor de Derecho Societario, Dr. Néstor Humberto Martínez: “Hay una carrera desenfrenada contra la institución de los derechos adquiridos”; Lo prueba así mismo una reciente y absurda sentencia de la Corte Constitucional que habla de una novísima categoría de derechos, bautizada como la del “Derecho Viviente”; Lo vive igualmente mi egregio maestro de Derecho Constitucional, Dr. Alexei Julio Estrada, quien pese a su inagotable e incomparable curriculum, demostrativo de todo merecimiento, es sometido a metodologías electoreras deleznables en su muy oportuna y propicia intención de pertenecer a la Corte Constitucional. Mejor dicho; cómo recuperar la fe en nuestros jueces?

Citando nuevamente al maestro Piero Calamandrei quien, después de fundar la escuela italiana del Derecho Procesal Civil escribió la obra -Elogio de los Jueces- en el año de 1935, destaco que el gran Jurista llamaba ya a la alarma para dicha época cuando escribió: “el juez tiene, efectivamente, como el mago de una fábula, el sobrehumano poder de producir en el mundo del derecho las más monstruosas metamorfosis, y de dar a las sombras apariencias eternas de verdades; y porque, dentro de su mundo, sentencia y verdad deberían coincidir en definitiva, puede, si la sentencia no se adapta a la verdad, reducir la verdad a la medida de su sentencia”. Podría alguien explicarlo mejor? Seguro que no.

Los abogados en Colombia, o por lo menos, su decente y moralista minoría, quiere volver a confiar en los jueces. Ha hecho la sociedad un pertinente llamado pro disciplina de los Jueces, donde silenciosa pero firmemente ruega por un no! a más permisos que producen innecesarios escándalos, no! a más carruseles para defraudar el erario; si! a una superior productividad y gestión en sus despachos; si! a más fallos ajustados a la verdad. En el día del Abogado, en nombre de este gremio, propongo renovar el pacto de fe que describo, honrando la tarea que a ambos, -abogados y jueces-, nos impone el estado en directa relación con el progreso que para la sociedad colombiana se busca.

Julio José Orozco O.
OROZCO Legal & Co.
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